I
Jun 06, 2009 I cascabel.
Cerré los ojos por instinto, como una defensa absurda de la realidad. Me asfixiaba todo lo que no fueran las sábanas blancas de mi cama. Abrazada a la almohada, con la garganta hecha añicos y la respiración entrecortada, echaba tanto de menos tus besos… Y así, con los ojillos empapados y una mueca de dolor en el rostro me dormí, con la imagen persistente de la sangre corriendo por los níveos escalones de mármol.
Escuché hace unos días que la vida se compone de momentos que nos llevan a otro lugar, y para vivir no sé si hay que estar despierto. Últimamente nunca sé cuando sueño y cuando tus besos son ciertos… El caso es que del escalón manchado de rojo, del gesto torcido de miedo y los gritos de esa noche, llegué hasta ti, no me preguntes cómo ni en qué momento. Llegué hasta el instante justo del primer beso, que nunca te lo conté, pero así es como yo lo recuerdo. Leer más »
I
Abr 20, 2009 I cascabel.
- Pues no quiero, no voy a ninguna parte.
- Ven, que te enseño las estrellas.
- Que no quiero verlas.
Y me pasé toda la noche atada a la pata de tu cama, sin querer ni poder soltarme, mirando contigo la Osa Mayor. Leer más »
I
Abr 07, 2009 I cascabel.
Anoche a las dos de la madrugada, después de una hora paseando por calles desiertas esperando tu llamada, decidí irme a casa. Me fui, con la sonrisa escondida en el último rincón del alma y en los ojos el recuerdo apagado de tu boca… Me fui y me metí en la cama esperando soñar contigo…
Y soñé. Soñé con farolas amarillas que en lugar de alumbrar cantaban canciones de amor, de lunas que se sienten solas y de niños que escriben nombres en su telesketch. No alumbraban porque no hacía falta luz, cada persona brillaba como estrellas radiantes bailando sobre adoquines morados (ya sabes, yo siempre sueño en violeta). Iba con los ojos abiertos como platos, saltando sobre el pentagrama en el que las farolas escriben sus notas, llevaba un molinillo en la mano que no paraba de girar, y a cada giro un olor dulzón a gominola y un sabor a manzana dulce recubierta de crujiente y rojo caramelo.
Leer más »
I
Mar 11, 2009 I cascabel.
Erase una vez un lugar donde los sueños se hacían realidad, un lugar donde el sonido más hermoso era el tintineo de un cascabel, un lugar donde los duendes susurraban al oído bonitos trucos de magia para cuando no se sabe que decir… allí en mi isla (ya sabes cómo se llama) las nubes son de un rosa algodón de azúcar y saltamos sobre ellas mordiendo cada paso. Y ya sabes, flotan burbujas de jabón con flautistas que tocan una dulce canción.
Cierro los ojos y te veo allí con tu bufanda y tu bastón tendiéndome tu mano e invitándome a bailar… Leer más »
I
Feb 27, 2009 I cascabel.
Eran las siete y media de un día cualquiera. Nunca le gustó la lluvia, mermaba el estado de ánimo de la ciudad. Corrió a la parada del autobús para resguarda
rse debajo de la marquesina. Y la vio. Con su carita redonda y los ojillos achinados, con su sonrisa puesta y unos buenos días intentando salir de la comisura de sus labios. Al principio no se fijó mucho. Un primer vistazo rápido y una media sonrisa de cortesía. Absorto en su hilo de pensamientos, no se percató de que ella sí lo estaba mirando. Unos minutos y la sensación extraña de ser observado. Miró sin mirar lo poco que alcanzaban sus ojos. Sin girar el rostro sólo veía un trozo de su falda con una frase bordada “las margaritas nunca esperan…” Por fin vuelve la cara, curioso e indiferente. No sé explicar cuál era la emoción y cuál la máscara. Y allí está ella, mirándolo descarada, con cara de niña buena, de esas que no rompen platos ni patalean rabiosas. Leer más »
I
Ene 31, 2009 I cascabel.

De repente nos encontramos los dos al otro lado de tu mirada expectante. Tú con una maraña de palabras que habían llegado más adentro de lo que pensabas y yo con el alma en cueros y tiritando de frío.
Que ni tú tienes vocación de cura ni yo estoy acostumbrada a hacer confesiones por la mañana, que esto se hace en una de esas noches sin dormir después de unas cuantas cervezas…
Imagino que fue un disparo a boca jarro…
- Dispara
Y disparé.
Y la pólvora se me quedó pegada en las entrañas y estaba tan cerca que sentí la bala quemando tu piel. Leer más »
Comentarios recientes